La chela y la tele
Estimados lectores,
la mágica relación entre el hombre y la cerveza tiene un culo de
años de antigüedad y está rodeada de infinitos matices
regionales y culturales. El Perú no está libre de esa
relación y ha aportado lo suyo... creo... El ritual de "tomarse unas
aguas" ha devenido en una serie de infalibles frases y reglas de etiqueta. Dos
ejemplos para ilustrarlos: (1) la frasecita de "un par más" (¿A
quién se le va a ocurrir decir "tres más"? ¡Por favor! ¡No pega!)
y (2) el genial formulismo de sacudir el vaso antes de pasárselo al
compañero del costado, lo cual es una señal inequívoca de
"charm chupístico"... "sacarle el veneno", que le dicen pues papay...
Como vemos, la chela y la cultura nacional están íntimamente ligadas, sin embargo, vivimos en una sociedad donde los valores socio-culturales se han deteriorado a tal extremo que, ciertos comportamientos son considerados "normales" y "socialmente aceptados". La chismocería, la camaronería, la viveza criolla, el casi-casi, etc. compiten palmo a palmo con la consagrada "hora peruana" -casi un orgullo nacional, cuesta reconocerlo- para ganarse un lugar de privilegio en la herencia cultural que recibirán las próximas generaciones.
Actualmente, muchos de esos nuevos "anti-valores", son ingeniosamente (?) presentados en los comerciales de cerveza.
Primer comercial:
Entra a la discoteca un personaje con pinta de chuchan-boy monse y se pone a
"computar" el panorama. Pide una botella de cerveza y ésta, cual
lámpara de Aladino, se convierte instantáneamente en un ente
místico que le permite hacer realidad (a medias nomás, porque
valgan verdades, el cacharro no lo ayuda para nada) sus más bajos
instintos (¡tremendo mañoso...!). Que la pasadita de dedo por
aquí, que el besito por allá, que la sopladita más
allá...ante el gran desconcierto de sus inocentes víctimas, que
no logran comprender lo que sucede (calabacitas pues...). Finalmente, como nos
pasa en el fútbol, nuestro patético personaje no logra anotar el
gol y termina con los crespos hechos. O sea, CASI, gana. Diagnóstico:
playboy de poca monta, looser (sic), huevón
de mierda.
Segundo comercial (¡cómo me llega este comercial!):
Fulanito llama a su pata Lucho y le pregunta si "va a hacer algo". Luchito le
responde que no, pero que tiene 6 "chicas"... pasa por allí Menganito,
quien está con las orejas paradas escuchando conversaciones que no le
corresponden (chismosito resultó ser el huevón éste...) y
llama a Sutanito invitándolo y de paso invitándose a la
"reunión" de Luchito, a la cual, por cierto, jamás fue convocado
(taque camarón, ¡carajo!). A continuación se desenreda una
retahíla de llamadas y auto-invitaciones tan alucinante como la cadena
de mails con chistes de Alan y Toledo. Finalmente, el pobre Luchito
terminará con la casa hecha mierda por un grupete de gente que ni
siquiera conoce bien y que, por cierto, no lo van a ayudar a limpiarla al
día siguiente... y para colmo, probablemente tenga que acarrear a la
calle los despojos humanos sobrevivientes de tan descomunal e imprevista
chupeta.
Tercer comercial:
Encontramos tres amiguetes que no quieren pagar la cuenta. "Sólo pago la
primera" dice uno con actitud autosuficiente, después de haber tomando
varias chelas- A continuación el palabreo atarantador (floro criollo) y
el show del borracho consumado (cantar y bailar sobre la mesa...cualquier cosa
con tal de no pagar la cuenta). Finalmente el mea-culpa (aclaro que ésto
no tiene nada que ver con actividades fisiológicas por CULPA del consumo
indiscriminado de cerveza en periodos cortos... ¡bueh!... sin comentarios).
Dice: "ya, yo pago pues... pero sólo la primera" (pendejito el puta...).
Para cerrar la historia, una voz que murmura "chupa solo"...
Bueno, cualquier semejanza con la realidad, no es coincidencia. Tres historias y dos importantes pilares de la cultura peruana juntos: las chelas y una televisión que hace rato nos perdió el respeto.
Hasta la siguiente columna, si es que hay.
MaYmAn


